Tres Marías y una Rosa
Dramaturgo: David Benavente
Primer Acto.
Cuadro
primero.
(Patio
exterior donde se ve la fachada de una modesta casa de tabla en
una población marginal. Bajo el parrón, una bicicleta dada vuelta y
desarmada. Más atrás, ropa tendida y otros utensilios típicos. Algunos pisos de
madera pequeños apilados. Maruja está sobre una escalera, martillando.
Sobre una mesa rustica, rectangular, una radio transmite la canción “Pobrecito
mortal”, en interpretación de su autor, Florcita Motuda, a todo volumen).
MARIA
ESTER (Entrando
con anteojos ahumados):
¿No ha
llegado nadie?
MARUJA:
¿¡Qué le
pasó, Estercita, por Dios!?
MARIA
ESTER:
¡El Román me pegó!
MARUJA:
¿¡Otra
vez!?
MARIA
ESTER:
Estoy tan
aburrida, oiga… Ahí se lo pasa, mirándose al espejo y peinándose. No hace amago
de buscar trabajo. “¡Ándate, huevón!”, le digo yo, pero no se quiere ir de la
casa.
MARUJA:
Ayúdeme a
echar una rociadita, que no demoran en llegar…
(María Ester
toma el balde y comienza a rociar de manera exagerada, mientras Maruja va
barriendo detrás de ella)
¡No
salpique tanto, pues, Estercita! Me está dejando el puro barrial. Tome barra
usted mejor, ¿quiere?
(Intercambian
las actividades)
¡No
levante tanto polvo, pues, Estercita!
MARIA
ESTER:
¡No barro
ni una cuestión también!
MARUJA:
Cuénteme
lo que pasó, pero vaya colocando los pisos pa´ la reunión.
MARIA
ESTER:
Ahí
estaba yo, lavándoles las camisetas de fútbol, porque yo soy la única de las
once pelotas que les lava las camisetas, cuando llega, el perla, con el corte
de pelo igual, pero igual, igual, al Travolta. ¡Quizá cuánto le saldría el
corte de pelo!
MARUJA:
¿Pa´ donde
salió pegando con los pisos ahora, Estercita, por Dios?
MARIA
ESTER:
Porque
nosotros con el Román habíamos ido juntos a ver esa película…
MARUJA:
¿Qué
película?
MARIA
ESTER:
La del
Travolta, Saturday night fever.
MARUJA:
¡Ah!
MARIA
ESTER:
“Te
parecí al Travolta”, le había dicho yo. En broma eso sí. No pa’ que agarrara
papa el huevón.
MARUJA:
Ayúdeme
con la mesa, Estercita…
MARIA
ESTER:
“¿Te
gusta?”, me dijo.
MARUJA:
¿Qué
cosa?
MARIA
ESTER:
“¿Te
gusta el Travolta chileno?”. Mirándose al espejo, porque en eso se la lleva. Y
se parece. ¿No ve que el Román es moreno de ojos claros?
MARUJA:
Es simpático el Román.
MARIA
ESTER:
¿Usted lo
encuentra simpático?
MARUJA:
Con esa
sonrisa que tiene…
MARIA
ESTER:
Yo no sé
que le encuentran de simpático…Porque, usted sabe, no da ni un peso pa´ la
casa. Entonces, dígame usted, ¿de dónde iba asacar plata pa´l corte de pelo
Travolta? “Dime cualquier cosa”, le dije, “aunque sea mentira, pa´ creerte y
quedarme tranquila”
MARUJA:
¿Y él?
MARIA
ESTER:
Mudo.
Entonces, agarré todas las camisetas de fútbol con lavaza y se las tire por la
cabeza. ¡Se puso furioso, oiga!
MARUJA:
Donde es
joven el Román, se entusiasma por ahí…
MARIA
ESTER:
¡Claro!,
y yo tengo que estarlo alimentando, mientras el perla anda miniando con otras
por ahí.
MARIA
LUISA:
(Gritando,
en off desde la calle) ¡Perros de porquería! ¡Sala pa´ allá! ¡Ay! ¡Señora
Maruja, tíreles agua!
MARUJA:
¡Schttt! No grite tanto María Luisa.
MARIA
LUISA:
(Entrando)
Estos perros me creerán chorizo, que andan a la siga de una…
MARUJA:
Están
rabiosos, oiga. Páseme sus cositas, y tome asiento.
MARIA
LUISA:
Vine
volando, señora Marujita, porque me tengo que ir corriendo.
MARUJA:
Usted
sabe que tenemos reunión todos los miércoles, María Luisa. No puede irse
corriendo.
MARIA
LUISA:
Es que
deje los cabros solos en la casa. Encerrados con llave por fuera.
MARIA
ESTER:
Usted
siempre llega volando y tiene que irse corriendo.
MARIA LUISA:
Tengo
familia, no como usted que tiene que cuidar a su puro marido no más.
MARIA
ESTER:
Yo pongo
el taller en primer lugar, no como otras que yo conozco…
MARUJA:
(interrumpiendo
para evitar la discusión)
¿Y qué le
pasó en el brazo,María Luisa, por Dios? ¿Y en las piernas? ¿La alcanzó a morder
algún perro?
MARIA
LUISA:
Fíjese
que anoche, ya nos habíamos acostado ya, cuando derepente, un ruido.
“¡Ladrones!”
MARUJA:
¡Qué
terrible!
MARIA
LUISA:
“¡Levántate,
Mario, y trae la pistola, que aquí en la cocina están robando!”
MARUJA:
¿Qué el
Mario volvió?
MARIA
LUISA:
Ahí me
acorde que el Mario anda en Argentina buscando pega, pues, oiga.
MARUJA:
¿Y qué
fue lo que hizo sin el Mario, señora María Luisa, por Dios?
MARIA
LUISA:
Apechugar
¿Qué es lo que iba a hacer? Abro la puerta de la cocina de una patá, prendo la
luz, y “¿Quién anda ahí, mierda?”
(Se interrumpe,
a Maruja)
Convídeme
un poquito de agua, por favor, ¿quiere?
(Maruja
le pasa un vaso con agua. Bebe.)
¡Cinco
gatos, oiga! ¡De este porte!¡Zas! Me pasa uno por aquí. El gato volador. Y el
otro que sale comiéndose la comida de la olla. ¡Desgraciados!.Cuando veo, oiga,
que el más grande me está mirando todo engrifado, sin pestañear. ¡Zas! Se me
viene encima, yo le hago el quite y lo aprieto contra la pared. “¡Cagó el
gato!”, dije yo, pero nada…
MARUJA:
No le
hace ni falta el Mario a usted, pues María Luisa.
MARIA
LUISA:
¡Cómo no
me va a hacer falta!
(Cambiando
el tema abruptamente)
Bueno,
aquí le traje la arpillera, señora Maruja. Me van a tener que pagar el
doble, porque esta me quedo mucho más linda que las demás. Mire.
(Maruja y
María Ester la observan detenidamente)
MARIA
ESTER:
¿Y esta
cuestión, qué es lo que es, oiga?
MARIA
LUISA:
¡El
Juicio Final!
MARIA
ESTER:
¡Pero no
se entiendo ninguna cosa, señora Maruja!